CARDIOLOGÍA

 

 

   

 

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Editorial Medica:

TRATAMIENTO QUIRURGICO DE LA INSUFICIENCIA CARDIACA

Dr. José Luis Barisani - Dr. Jorge Carlos Trainini

Médicos – Especialistas en Cardiologia.

 

REPARACIÓN CARDÍACA MEDIANTE IMPLANTE DE MIOBLASTOS AUTÓLOGOS

Dr. José Luis Barisani - Dr. Jorge Carlos Trainini

Médicos – Especialistas en Cardiologia.

 

 

 

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Editorial Médica:

TRATAMIENTO QUIRÚRGICO DE LA INSUFICIENCIA CARDÍACA

 

Dr. José Luis Barisani

Médico Cardiólogo.

Coordinador del Área de Insuficiencia Cardíaca y Transplante del Hospital Presidente Perón (Avellaneda).

Coordinador del Área de Normatizaciones y Consensos de la Sociedad Argentina de Cardiología.

Dr. Jorge Carlos Trainini

Doctor en Medicina. Especialista en Cirugía Cardiovascular.

Jefe del Servicio de Cardiocirugía del Hospital Presidente Perón (Avellaneda).

Director del Consejo Argentino de Cirugía Cardiovascular (S.A.C.)  

 

La Insuficiencia Cardíaca (IC) constituye un enorme y creciente problema en los países occidentales. Su elevada prevalencia, su potencialidad invalidante, su alta mortalidad y los enormes costos que genera al sistema de salud justifican la preocupación por encontrar soluciones adecuadas. (1) En las últimas décadas el conocimiento adquirido a través de los grandes ensayos clínicos y la incorporación de nuevos fármacos de efectividad comprobada han modificado la historia natural de la IC y las expectativas de vida de quienes la padecen. Pero esos y otros avances han determinado también una mayor supervivencia de las distintas cardiopatías que décadas atrás provocaban la muerte más precozmente.

El tratamiento médico de la IC intenta accionar sobre los distintos eslabones fisiopatológicos responsables de las manifestaciones sintomáticas o causales de la progresión de la enfermedad y de la muerte de quien la padece. Sin embargo, en los casos más avanzados, habrá daños anatómicos del corazón que no serán fácilmente modificados por estos tratamientos y que perpetúan o agravan la IC: son las llamadas “estructuras culpables”. (2)  Es así, que tanto el miocito, como la trama colágena, las arterias coronarias, las válvulas o el sistema de conducción pueden ser las estructuras dañadas primaria o secundariamente, tanto en forma

aislada como asociadas entre ellas. De esta forma, puede estar afectado el músculo del corazón “per sé” o a través de la enfermedad coronaria o valvular. Asimismo las estructuras valvulares pueden ser causa o consecuencia de la situación del problema congestivo. También son posibles las combinaciones entre las alteraciones estructurales que lleven a la IC en última instancia. Este concepto de estructura cardíaca “culpable” de la fisiopatología, hace posible individualizar subpoblaciones que obtengan beneficios con el tratamiento instituido sobre la parte anatómica más dañada del corazón.  

El trasplante cardíaco como sustituto casi total de la estructura cardíaca ha demostrado ser una posibilidad de alto rendimiento hemodinámico y mejorar sustancialmente las expectativas de vida de los pacientes más graves. Pero resulta electivo y aplicable a pocos pacientes debido al escaso número de donantes y las contraindicaciones psico-físico-sociales del receptor. (3) La baja frecuencia de homoinjertos cardíacos ha despertado el interés por hallar soluciones para estos pacientes. Por ello se desarrollaron proyectos de ingeniería genética de xenotrasplante porcino. Estos aún deben solucionar grandes escollos como son el rechazo

hiperagudo, las agentes infecciosos no convencionales (retrovirus, priones) y los problemas éticos para poder ser implementados. (4)

Motivados por estas dificultades, desde hace varios años no ha cesado la búsqueda de  nuevas opciones quirúrgicas, que fueron llamadas “alternativas” y que en un principio persiguieron mitigar la IC en pacientes con dificultades para el trasplante, pero que actualmente podrían extender sus indicaciones a grupos que no hayan llegado a esa etapa. (5) Estos procedimientos apuntan a mejorar los aspectos estructurales deficientes del corazón sin apelar a su reemplazo total. Entre ellos mencionaremos a aquellos que han tenido aplicación clínica. Ellas pueden corresponder a procedimientos anatomofisiológicos (revascularización miocárdica, reducción ventricular, reparación mitral), fisiológicos puros (asistencia biológica) o funcionales (asistencia circulatoria mecánica, resincronización ventricular).  Analizaremos brevemente algunos de estos procedimientos.

Revascularización miocárdica

Los enfermos con coronariopatías terminales representan el 30%  al 50% de los  que esperan un trasplante cardíaco.  Por otra parte, desde que se incorporaron los conceptos de atontamiento e

hibernación miocárdica las estrategias de revascularización han sido reformuladas. Cuando por estudios radioisotópicos o ecocardiográficos puede demostrarse viabilidad miocárdica significativa se plantea la alternativa de una cirugía de revascularización miocárdica (CRM). (6) Los avances en las técnicas quirúrgicas y en los cuidados perioperatorios han incrementado los éxitos en los de enfermos con función ventricular muy deprimida y han ubicado a la CRM en el primer lugar entre las alternativas al trasplante.  

Reducción ventricular

La discordancia masa/volumen del ventrículo izquierdo ha sido precursora de técnicas de reducción ventricular (Cirugía de Batista). (7)  Esta ventriculectomía izquierda parcial ha tenido resultados controvertidos derivados de la mortalidad operatoria y una pobre expectativa de vida a los seis meses de alrededor del 56%, lo cual hace necesario que deban identificarse los determinantes de su riesgo, con el fin de mejorar sus posibilidades. (8) Sin embargo se observó que en aquellos enfermos en quienes se realizó concomitantemente corrección de la insuficiencia mitral (IM) mediante valvuloplastia, los resultados fueron mejores.

Corrección de la insuficiencia mitral

La IM secundaria es un hallazgo frecuente en pacientes con disfunción severa del ventrículo izquierdo y establece un claro agravamiento en el pronóstico de la IC. Estos pacientes presentan alta mortalidad, con una sobrevida de sólo el 30% al año. La experiencia reciente en pacientes portadores de cardiomiopatía dilatada en clase funcional (CF) III-IV con IM secundaria significativa y fracción de eyección del VI menor al 30%, a quienes se les realizó únicamente la reparación mitral ha demostrado en sus resultados una sustancial mejoría en la calidad de vida, con una muy baja mortalidad operatoria en relación con las técnicas previas de reducción ventricular. (9) La reconstrucción y/o reemplazo de la válvula mitral, en los casos de cardiomiopatía dilatada, debe asegurar la conservación de la estructura ánulo cordal, lo cual permite la continuidad valvular con el músculo cardíaco. Los resultados obtenidos, en la serie nuestra y en otras, son alentadores lo que hace esperar que esta técnica se instale en los próximos años en la estrategia habitual del tratamiento de la IC avanzada. (10) 

Cardiomioplastia

La Cardiomioplastia Dinámica (CMPD) es un método de asistencia cardiaca biológica con músculo esquelético condicionado eléctricamente utilizado clínicamente desde que en 1985 fue implementado por Carpentier y Chachques. Se utiliza el músculo dorsal ancho izquierdo envolviendo a ambos ventrículos y estimulado en sístole por un cardiomioestimulador. La asistencia mecánica en sístole, la formación de neovascularización y la mejoría de la función diastólica con la detención del proceso de dilatación de las cámaras cardíacas y reducción del stress parietal justificarían la mejoría clínica de los pacientes operados. (11)

Hasta el momento la CMPD, utilizada en más de un millar de enfermos, ha demostrado  una mejoría importante en la calidad de vida de estos enfermos, cuando se respetan estrictamente los criterios de selección. Hemos aprendido que deben considerarse candidatos únicamente a los pacientes en CF III, sin IM ni hipertensión pulmonar severas. (12)  El seguimiento alejado ha mostrado mejoría de la capacidad funcional que en algunas series llega a una sobrevida del 66% a los 7 años. (13) Otras publicaciones han relatado resultados menos optimistas.  

Aortomioplastía

La aortomioplastia dinámica (AMPD) es otra técnica de asistencia biológica que consiste en envolver a la aorta con el músculo dorsal ancho derecho con el fin de lograr una contrapulsación aórtica crónica. Para tal fin puede utilizarse tanto la aorta ascendente como la descendente.  Este músculo es activado eléctricamente durante la fase diastólica del ciclo cardíaco, reproduciendo los efectos hemodinámicos de la contrapulsación con balón intra-aórtico, con el logro de efectos benéficos basados en el aumento de la perfusión coronaria y en la disminución de la postcarga ventricular izquierda. (14)

En comparación con la CMPD, la AMPD tiene menor riesgo quirúrgico y puede ser realizada en pacientes en CF IV, con dilataciones extremas del VI, hipertensión pulmonar o IM severas. En nuestra experiencia la comprobación, invasiva y no invasiva, de la aumentación diastólica de la curva de presión aórtica en los latidos asistidos se correlacionó con  franca mejoría de la CF, una marcada disminución en el número de hospitalizaciones y coincidió con una significativa disminución de los diámetros de la aurícula y VI, de las presiones capilar pulmonar y sistólica de la arteria pulmonar y un incremento del volumen minuto y de la fracción de eyección del VI. (15,16) 

Resincronización Ventricular

El rol de la estimulación eléctrica del corazón en la IC tradicionalmente estuvo limitado al manejo de la frecuencia cardíaca mediante el implante de un marcapasos. La utilización de equipos de estimulación secuencial aurículo-ventricular y con respuesta en frecuencia han significado un gran avance en los pacientes con trastornos de conducción y falla miocárdica. Sin embargo, en los enfermos en fases avanzadas de IC que presentan trastornos de conducción intraventricular, debidos a extenso daño miocárdico se produce un asincronismo en la contracción de los dos ventrículos que puede a su vez potenciar el grado de IC. (17)

La resincronización ventricular eléctrica mediante la estimulación biventricular simultánea se logra estimulando el VD con un catéter endocavitario  y el VI a través de otro introducido por seno venoso y avanzado hacia la pared lateral. Estos estímulos se sincronizan con la actividad eléctrica auricular espontánea o estimulada, mediante un catéter auricular convencional ubicado en AD. (18)  La experiencia preliminar con este método sugiere que podría convertirse en una opción en pacientes seleccionados.

Asistencia ventricular mecánica

En las últimas tres décadas, la Asistencia Mecánica Circulatoria (AMC), ha desarrollado indudables esfuerzos con el fin de disminuir la tasa de mortalidad en la IC avanzada. La conexión temporaria a equipos artificiales como puente al trasplante cardíaco ha demostrado su utilidad en los pacientes con shock cardiogénico. Más allá de ello, la AMC puede constituirse, de acuerdo a los últimos avances, en una alternativa diferente al poder ser implantada temporaria o definitivamente en enfermos que no son candidatos al trasplante. (19) 

El proyecto actual de la AMC, implica proveer extensos períodos de soporte hemodinámico con una alta calidad de vida. Reconocer que el soporte univentricular izquierdo es suficiente para la gran mayoría de pacientes con IC avanzada, aún en aquellos con falla biventricular, ha sido uno de los aspectos fisiopatológicos que más contribuyeron al desarrollo de la AMC. A esto se sumaron recientes desarrollos tecnológicos como el de haber logrado que algunos de estos ventrículos no requieran anticoagulación, contar con energía eléctrica en vez de la neumática (HeartMate, Novacor) lo que permite la deambulación y externación del paciente. La aparición reciente de aparatos como el LionHeart representa un avance esperanzador, por tratarse  de un sistema de asistencia ventricular izquierda pulsátil y totalmente intracorpóreo. (20, 21)  Estos equipos pueden disminuir la mortalidad brindando una aceptable calidad de vida a pacientes críticamente comprometidos, en CF IV, que de otra manera no podrían ser externados. Las limitaciones son el alto costo de los equipos y las conexiones percutáneas con el exterior que resultan puerta de entrada de posibles infecciones.

Conclusiones

No existe un tratamiento único, ideal y definitivo para la IC. De igual manera que no ha cesado la búsqueda de la fórmula medicamentosa óptima, tampoco se ha detenido, cuando ella ya no es suficiente, la incorporación de nuevos procedimientos quirúrgicos. Se deduce, erntonces, que debemos considerar en el tratamiento quirúrgico de estos enfermos la concreta posibilidad de tratar la alteración estructural que compromete la función de la bomba cardíaca. Si conseguimos que el proceso de estudio de estos enfermos conlleve el concepto cognoscitivo de la alteración estructural mecánica “culpable” pasible de ser reparada, habremos dado un paso adelante en conseguir la sobrevida buscada, o al menos en paliar el progresivo compromiso de la calidad de vida.

De esta manera, en pacientes con gran deterioro de su función ventricular que, a pesar de cumplir un tratamiento médico optimizado, permanecen con seria limitación de su capacidad funcional y requieren reiteradas internaciones por descompensación de su IC deberían considerarse estas alternativas quirúrgicas cuando tengan contraindicaciones o dificultades para el trasplante, o como puente al mismo. Cuando la etiología de la miocardiopatía es isquémica debe intentarse la revascularización (CRM) siempre que la anatomía coronaria sea favorable y la viabilidad miocárdica significativa. La CMPD sólo se propone en un grupo seleccionado de enfermos en CF III sin cardiomegalia extrema ni severa hipertensión pulmonar o IM. En estos últimos casos y en los pacientes en CF IV o con coronariopatía no revascularizable es preferible valorar la posibilidad de realizar una AMPD. Si la IM es significativa su corrección, mediante reparación o reemplazo valvular, puede cambiar el pronóstico de la enfermedad. En los pacientes con trastornos de conducción intraventricular, la resincronización podría ser una alternativa que incluso permite asociarla a otros métodos. Por último, en los enfermos más comprometidos, la asistencia ventricular izquierda prolongada con los modernos dispositivos hoy disponibles es una opción que, a pesar de sus altos costos, debe ser considerada.

Por sobre todas las observaciones, hemos visto que la atención personalizada al margen de cualquier tratamiento médico o quirúrgico es causa de mejores resultados en los indicadores de la calidad de vida. Hemos aprendido a no abandonar a estos pacientes, los cuales cursan un pasado de frustraciones y desesperanzas a medida que se suceden los tratamientos con el avance de la enfermedad. Determinar entre ellos subpoblaciones con alteraciones estructurales y fisiopatológicas específicas, las cuales pueden beneficiarse con determinados tratamientos que mejoren esas condiciones, contribuye seguramente a una estrategia lógica y venturosa.

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20.   Trainini JC, Barisani JL, Elencwajg B y col. Asistencia ventricular izquierda prolongada ambulatoria. Rev Argent Cardiol 2000; 68: 105-109.

21.   Rose EA, Goldstein DJ. Wearable long-term mechanical support for patients with end stage heart disease: A tenable goal. Ann Thorac Surg 1996; 61: 399-402.

 

 

REPARACIÓN CARDÍACA MEDIANTE IMPLANTE DE MIOBLASTOS AUTÓLOGOS

 

Dr. Jorge Carlos Trainini

Doctor en Medicina. Especialista en Cirugía Cardiovascular - Jefe del Servicio de Cardiocirugía del Hospital Presidente Perón (Avellaneda) - Director del Consejo Argentino de Cirugía Cardiovascular (S.A.C.)

Dr. José Luis Barisani

Médico Especialista en Cardiología - Coordinador del Área de Insuficiencia Cardíaca y Transplante del Hospital Presidente Perón (Avellaneda) - Coordinador del Área de Normatizaciones y Consensos de la Sociedad Argentina de Cardiología.

 

El infarto agudo de miocardio determina una disminución tanto de la capacidad funcional de los miocitos como de la integridad estructural del corazón, al reemplazar el músculo cardíaco injuriado por tejido fibrótico. La hipertrofia celular puede compensar parcialmente la disminución de la contractilidad, pero el cortejo de remodelación lleva al cuadro de la insuficiencia cardíaca progresiva. Recientemente se inició la aplicación de mioblastos indiferenciados autólogos cultivados para reparar tejido cardíaco en humanos. La ventaja clínica de este procedimiento es obvia como idea, debido a que la implantación de mioblastos provenientes del músculo esquelético del propio paciente evita dificultades logísticas presentes en otros tratamientos más complejos.

 

Datos surgidos de diversos estudios recientes llevan a una nueva y revolucionaria visión sobre el envejecimiento cardíaco. Hallazgos experimentales han mostrado que la tasa diferencial entre el número de células cardíacas que mueren y la cantidad total de células que configuran la masa ventricular, implican la posibilidad de un recambio activo. Si no hubiese esta suplencia la pérdida de la masa celular se haría insostenible. El corazón se regeneraría completamente en un lapso menor a los 5 años (1) Esto a estimulado la búsqueda de métodos que puedan acelerar este fenómeno natural, y puedan ser aplicados a enfermos con pérdida de la masa contráctil. En el corazón el procedimiento de reparar su zona fibrótica con células filogenéticamente emparentadas y cultivadas puede denominarse “Cardioimplante celular autólogo”, y su fin es lograr la recuperación estructural y funcional de la zona afectada.

Las células que poseen potencialidad para el desarrollo de la corrección cardíaca pueden ser de variada procedencia. Existen estudios experimentales sobre cardiomiocitos embrionarios-fetales y células embrionarias pluripotenciales a partir del mesodermo, las cuales se alejan del concepto de reparo autogénico, implicando además problemas éticos y necesidad de tratamiento inmunosupresor. También se pueden incluir líneas celulares obtenidas por ingeniería biológica, pero su inconveniente se halla dado por su potencialidad oncogénica.

 

Los tipos celulares autogénicos son:

- Stem Cell. También llamadas células madres, son indiferenciadas, pluripotenciales y se hallan en la médula ósea. (2) Su ubicación histológica determina la diferenciación en un tipo celular determinado por la inducción del medio. (3) Trabajos de Ferrari y colaboradores (4) dieron origen al concepto de regeneración del propio miocardio como alternativa al trasplante cardíaco. Sorprendentemente también se han hallado células madre en el corazón, las cuales se encuentran en latencia en el corazón normal, pero estimulada con factores de crecimiento ingresan en división celular acelerada. En miocardio normal estas células pueden generar cardiomiocitos, pero en un medio de tejido fibrótico podrían desarrollar células con características fibroblásticas (5).

- Cardiomiocitos adultos. Son de reproducción difícil y el material se debería obtener por biopsia endomiocárdica. Requieren, además, una suplencia vascular mayor que la que necesitan los mioblastos.(6)

- Células musculares lisas. Provienen de las paredes arteriales.

- Mioblastos. Provienen del músculo esquelético y son denominadas también células satélites. Son de fácil multiplicación y las más estudiadas, lo cual ha permitido su aplicación en la fase clínica (7). Los mioblastos se hallan en la línea celular que se extiende desde la célula indiferenciada mesodérmica hasta las diferenciadas cardíaca, esquelética y también del músculo liso. Las áreas infartadas donde se implantan estas células, nunca son del todo avasculares y siendo los mioblastos resistentes a la isquemia se permitiría su crecimiento y multiplicación. A diferencia de los cardiomiocitos, tienen conexiones intercelulares (“gap junction”) y receptores de dihidroperidinas

Cultivo y cardioimplante de mioblastos.

El cultivo de mioblastos esqueléticos, aunque presenta algunas modificaciones, no se aparta demasiado del método utilizado para otro tipo de células. La técnica debe ser depurada y absolutamente estéril bajo una campana de flujo laminar.. El tejido a emplear es un fragmento de músculo esquelético (vasto lateral externo, deltoides) de aproximadamente 2 cm3, equivalentes a 7-8 gramos, del que deben ser separados todos los tejidos  aponeuróticos, adiposos y fibrosos. Luego de la digestión enzimática y macerado con enzimas se siembra y observa periódicamente al microscopio para detectar el grado de confluencia alcanzado. Mediante repiques debe lograrse un cultivo de alrededor de 200 a 250 millones de células. El proceso se completa a través de una serie de implantes en el miocardio fibrosado estando regulado este número y la orientación en función del tamaño de la zona infartada.

 

En 1992 Marelli (8) utilizó mioblastos indiferenciados cultivados para reparar tejido cardíaco no viable en trabajos de investigación. Luego de la fase previa experimental, en el ano 2000 se inició la aplicación de este procedimiento en humanos a través de un grupo francés liderado por Menasché (9).

 

Se ha hallado incremento en la performance contráctil medida con dP/dt, mejoría en la función diastólica por reemplazo de tejido fibrótico con aumento de la elasticidad.(10), incremento del grosor ventricular en la región del infarto, disminución de la progresión de la dilatación ventricular y producción de factores angiogénicos por las células injertadas. De todas formas, es todavía un interrogante si el injerto puede desarrollar acoplamiento electromecánico con el resto del corazón para latir sincrónicamente.

Experiencia Clínica

En forma similar a los estudios experimentales, el desarrollo de la fase clínica se halla referidos a modelos de zonas infartadas con escaras fibrosas. Aún no existen protocolos  para avanzar con esta terapéutica sobre la cardiomiopatía dilatada idiopática o de otras etiologías. Hasta el momento en el mundo se han hecho implantes en 20 pacientes distribuidos en Francia, Japón, Holanda, Italia, Alemania, Estados Unidos y Argentina.

 

La experiencia de Francia, 10 pacientes, fue realizada con cirugía de revascularización concomitante en áreas isquémicas que no tenían relación con la zona tratada mediante cardioimplante celular (9). Se evidenció mejoría de la capacidad funcional, de la fracción de eyección, hallándose contracción en la región previamente aquinética, injertada con células. El paciente de la Argentina fue sometido, en nuestro servicio, a cirugía de revascularización de coronaria descendente anterior e injerto simultáneo de 250 millones de mioblastos en la cara inferior fibrótica, mostrando a los pocos meses evidencias de engrosamiento y funcionalidad regional en la zona implantada.

 

En Holanda fue implantado un paciente en forma percutánea a través del catéter especial “Bioheart”. En Estados Unidos pacientes asistidos mecánicamente como puente al trasplante, son incluidos en un protocolo de la FDA en el que concomitantemente se injertan células en áreas fibrosas para luego analizarlas cuando son explantados. En Japón se utilizó células madre autólogas de la médula ósea para efectuar el reparo cardíaco.

 

Conclusiones

El trasplante celular para reparar o regenerar al miocardio injuriado constituye una nueva esperanza en el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares (11). Sin embargo, la era del implante celular recién comienza. Qué tipo de célula es la mejor, cómo debe ser implantada y cuál es su eficacia son cuestiones aún no resueltas, aunque por el momento los mioblastos constituyen las células más estudiadas y confiables de las utilizadas en la experiencia clínica.. Solucionados estas cuestiones habrá que comprobar su real eficacia, comparándola con las técnicas convencionales. Desde el punto de vista funcional es de importancia lograr la demostración completa del acoplamiento electromecánico..

 

En resumen, esta modalidad del reparo cardíaco con células del propio organismo puede alcanzar una envergadura médica insospechada. Para alcanzar los niveles de factibilidad clínica e índices de eficacia deberá ampararse en las demostraciones histológicas y funcionales necesarias. Este proceso terapéutico ofrece un ámbito fascinante derivado de la combinación de la genética con la biología celular, permitiendo el desarrollo de determinadas líneas filogenéticas para proceder al autoreparo del corazón y otros órganos. Este paradigma médico puede inaugurar una nueva era en el tratamiento de las afecciones  del corazón, pero puede ser también aplicable a otras áreas como las enfermedades neurológicas, hepáticas, diabetes, miopatías y alteraciones osteoarticulares.

BIBLIOGRAFÍA

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